Bienvendas y Bienvenidos a mi rincón de Salud y Sonrisas.
Soy Lili Higienista bucodental y TCAE apasionada por la salud comunitaria. Aquí comparto consejos, herramientas y mi experiencia para que cuidemos juntos tu sonrisa desde el corazón.
Lee las primeras entradas ↴
Cuando pensamos en una boca sana, solemos visualizar unos dientes blancos y unas encías rosadas. Pero hoy quiero que te mires al espejo y saques la lengua, porque ella es "La Gran Olvidada" de la higiene diaria y, sin embargo, es el ecosistema más poblado de tu boca.
Es fascinante saber que en nuestra cavidad oral conviven millones de microorganismos. Según las guías clínicas de salud bucodental, no todas las bacterias son nuestras enemigas.
Nuestra boca alberga una microbiota necesaria que nos protege de patógenos externos. El problema aparece cuando el equilibrio se rompe. La superficie de la lengua, con sus papilas y surcos, es el lugar perfecto para que los restos de comida y las bacterias se acumulen, formando una capa blanquecina llamada biofilm o saburra lingual.
Basándonos en la evidencia de los colegios profesionales, mantener la lengua limpia no es solo cuestión de estética:
Evita la Halitosis: Se estima que el 90% de los casos de mal aliento tienen su origen en la boca, y la mayoría se deben a los gases (compuestos volátiles de sulfuro) que producen las bacterias acumuladas en el dorso de la lengua.
Mejora el sentido del gusto: Una lengua limpia permite que las papilas gustativas funcionen correctamente. ¡Disfrutarás más de los sabores!
Previene enfermedades: Reducir la carga bacteriana de la lengua ayuda a proteger tus encías y a prevenir la aparición de caries.
Las guías de práctica clínica recomiendan el uso de un limpiador o raspador lingual en lugar del propio cepillo de dientes, ya que están diseñados para adaptarse a la forma de la lengua sin provocar tantas náuseas.
Técnica: Raspa suavemente desde la parte más posterior hacia la punta.
Frecuencia: Hazlo al menos una vez al día, preferiblemente por la mañana.
Cuidar tu lengua es cuidar tu salud general. Porque una boca sana empieza por entender que cada rincón cuenta.
¿Te ha sorprendido este dato? Cuéntame en los comentarios si ya usas el raspador lingual o si vas a empezar hoy mismo. ⟶
Durante el embarazo, es muy común escuchar a abuelas o amigas decir: "Por cada hijo, perdí un diente". Hoy, como Higienista Bucodental, vengo a darte una noticia importante: Esto es un mito. El bebé no necesita "robar" calcio de tus dientes para formar sus huesos; el calcio lo obtiene de tu dieta o de tus propios huesos, pero jamás de tus piezas dentales.
Aunque el bebé no robe calcio, tu boca sí experimenta cambios reales y contrastados por guías clínicas:
Gingivitis del embarazo: Los cambios hormonales (especialmente el aumento de progesterona) hacen que tus encías reaccionen de forma exagerada a la placa bacteriana, provocando inflamación y sangrado fácil.
Cambios en la dieta y vómitos: Los antojos de dulces o los vómitos del primer trimestre aumentan la acidez en la boca, lo que puede erosionar el esmalte y facilitar la aparición de caries.
El eje periodonto-placenta: La evidencia científica actual demuestra que una infección en las encías (periodontitis) no tratada se asocia con riesgos como el parto prematuro o el bajo peso al nacer.
Visita a tu Higienista: El segundo trimestre es el momento ideal para una limpieza profesional y una revisión a fondo.
Higiene reforzada: No dejes de cepillarte aunque te sangren las encías (con suavidad y cepillo suave). Si tienes vómitos, enjuágate con agua y espera unos minutos antes de cepillar para no dañar el esmalte.
Alimentación consciente: Prioriza frutas y verduras, y evita el picoteo constante de productos azucarados.
Cuidar tu boca en esta etapa no es solo un capricho estético, es una parte esencial del cuidado de tu bebé.
¿Habías escuchado alguna vez lo del calcio? ¡Cuéntame tu experiencia en los comentarios! ⟶
Si solo usas el cepillo de dientes, te estás dejando casi la mitad de tu boca sin limpiar. Es como si al lavarte las manos, te olvidaras de frotar entre los dedos.
La anatomía de nuestros dientes hace que el cepillo solo pueda limpiar tres de las cinco caras de cada pieza. Las zonas donde los dientes se tocan (espacios interproximales) son el refugio perfecto para los restos de comida y la placa bacteriana.
Según los principales Colegios Profesionales de Dentistas, no limpiar estas zonas es la causa principal de:
Caries interproximales: Esas que no se ven a simple vista y a veces solo detectamos en el gabinete con radiografías.
Enfermedad Periodontal: La placa acumulada irrita la encía, provocando inflamación (gingivitis) que, si no se trata, puede derivar en pérdida de hueso (periodontitis).
Esta es la pregunta del millón en mis talleres. La evidencia clínica nos dice que:
Cepillos interproximales: Son la primera opción siempre que el espacio entre los dientes lo permita. Son muy eficaces para desorganizar el biofilm.
Seda o cinta dental: Es fundamental cuando los dientes están muy apiñados o los espacios son muy cerrados (como ves en mi foto, la seda nos ayuda a entrar con suavidad donde nada más llega).
No esperes a que te sangre la encía para empezar. El sangrado es una señal de alerta de que hay inflamación. Al principio puede ser molesto, pero con constancia y la técnica adecuada (¡pregúntame en el próximo taller o en tu revisión!), tus encías volverán a estar sanas y fuertes.
¡Haz que tu higiene sea completa! Tu sonrisa te lo agradecerá.
¿Y tú? ¿Eres del equipo seda dental o todavía te saltas ese 40%? Cuéntamelo abajo ↴
Si solo usas el cepillo de dientes, te estás dejando casi la mitad de tu boca sin limpiar. Es como si al lavarte las manos, te olvidaras de frotar entre los dedos.
La anatomía de nuestros dientes hace que el cepillo solo pueda limpiar tres de las cinco caras de cada pieza. Las zonas donde los dientes se tocan (espacios interproximales) son el refugio perfecto para los restos de comida y la placa bacteriana.
Según los principales Colegios Profesionales de Dentistas, no limpiar estas zonas es la causa principal de:
Caries interproximales: Esas que no se ven a simple vista y a veces solo detectamos en el gabinete con radiografías.
Enfermedad Periodontal: La placa acumulada irrita la encía, provocando inflamación (gingivitis) que, si no se trata, puede derivar en pérdida de hueso (periodontitis).
Esta es la pregunta del millón en mis talleres. La evidencia clínica nos dice que:
Cepillos interproximales: Son la primera opción siempre que el espacio entre los dientes lo permita. Son muy eficaces para desorganizar el biofilm.
Seda o cinta dental: Es fundamental cuando los dientes están muy apiñados o los espacios son muy cerrados (como ves en mi foto, la seda nos ayuda a entrar con suavidad donde nada más llega).
No esperes a que te sangre la encía para empezar. El sangrado es una señal de alerta de que hay inflamación. Al principio puede ser molesto, pero con constancia y la técnica adecuada (¡pregúntame en el próximo taller o en tu revisión!), tus encías volverán a estar sanas y fuertes.
¡Haz que tu higiene sea completa! Tu sonrisa te lo agradecerá.
¿Y tú? ¿Eres del equipo seda dental o todavía te saltas ese 40%? Cuéntamelo abajo ↴